domingo 8 de noviembre de 2009

The Box: Espeluznantemente cúbica


Hace unos meses, allá cuando pegaba la calor, cantaba la calandria y responía el ruiseñor (sí, he tenido que leerme algunos versos esta tarde), vi un trailer en internet de una película de Cameron Diaz. "¡Vaya!" Me dije a mi mismo. "Si esta señorita ha vuelto después de su fantástica Los Ángeles de Charlie: Al límite" (aunque tengo que reconocer que Drew Barrymore lo hacía mejor). Vi el trailer, y me quedé alucinado. No porque esta mujer tenga los pómulos en la frente, sino porque, según las primeras imágenes, esta película iba a prometer bastante.

Meses después, cuando el calor había muerto y un cazador se había cargado a la puñetera calandria y al jodido ruiseñor, volví a ver el trailer y me volvió a gustar. Esta vez mucho más. Tanto que empecé a documentarme sobre la película. Encontré un montón de cosas sobre ella... Bueno vale, solo encontré el trailer en español y porque esa semana la iban a estrenar aquí en España, pero algo es algo, ¿no?

Dejando a un lado que el trailer utilizó la banda sonora original de SAW, que nos gastamos 94,50€ en el presupuesto total de las entradas, que la pava de la taquillera nos dio las entradas para la sesión de las 17:40 (cuando eran las 17:50) y que ciertos personajes no se callaban durante la proyección... la película estaba de puñetera madre. Bueno, un poco menos, que me costó entenderla. Es que a ver, tu entras a ver una película ambientada en los años 70 y te empiezan a contar la historia de una humilde familia que un día recibe la visita de un hombre que les ofrece pulsar un botón a cambio de dos cosas: un millón de dólares y que alguien, en alguna parte del mundo que no conocen, muera.

Hasta ahí dices, coño, yo pulsaría, pero tal y como avanza la película es para pensárselo, ¿eh? Te crea tal cargo de conciencia lo que quieren hacer los tipos raros con los humanos, que cederías todo el dinero del mundo con tal de no pulsar el puñetero botón que estuvo persiguiendo a Cameron Diaz y a su marido toda la película. Que si extraterrestres, que si empleados que sangran por la nariz, que si puertas de agua que te trasladan a tu casa, que si casas inundadas por esas puertas de agua, que si pies deformes...

Así, tal cual lo leeis, parece que la película no me gustó nada y es una mierda, pero tiene sus momentos de angustia, de terror y de susto. Hay tal susto en una escena que casi taladro el asiento con la espalda y me presento con la butaca y media pared en la calle del bote que pegué. A lo mejor no fue tan exagerado, pero yo me asusté mucho.

Eso sí, la película fue un continua desesperación debido a la Tensión Sexual No Resuelta (TSNR) que purulaba por la película. ¡La mujer y el hombre jamás se daban un beso! No hablo de la pareja que se estaba dando el lote delante nuestra, no. Hablo de Cameron Diaz y el marido.

Solo en la última escena se dieron un beso, pero fue corto y sin lengua. Eso no se puede dejar para el final porque ocurren cosas como las que ocurrieron: unos amigos y yo nos pusimos a aplaudir muy emocionados cuando se dieron el aclamado pico. Sí, solo nostros, ante las avergonzadas miradas del resto de videntes.

¿Qué por qué la besó en la última escena? Pues porque el marido mata a Cameron Diaz para salvar a su hijo de una ceguera y una sordera eternas. Lo sé, os he contado el final, pero no merece la pena gastarse dinero en la entrada de esta película. Ya sabéis que aquí, pocas se merecen el derecho de no ser destripadas.

jueves 5 de noviembre de 2009

Tengo que pedir perdón


¿Acaso hemos dicho alguna barbaridad de alguien y tenemos que pedirle disculpas? Pues sí, hemos dicho muchas barbaridades a muchas personas, pero no me sale de las pelotas pedirles perdón. El tema de hoy no está relacionado con esto, si no… con algo más cercano. Con nosotros (sí, somos unos grandes egocéntricos). Como habéis podido comprobar, si sois un poco sagaces, hace mucho que no hacemos una actualización larga y en condiciones en el blog.

¿La razón? El tiempo, los deberes y el estudio. Ahora, la señora maña está inmersa en 2º de Bachillerato, donde se está preparando para Selectividad (PAU) cual soldado en la mili para luchar, posteriormente, en la guerra. Esto requiere mucho tiempo, por lo que la Tatis y sus líos en el colegio, con los profesores que faltan, con los que no y con los que son cabrones, hacen que esté indispuesta (no tiene diarrea). Bueno, también tiene exámenes y demás, pero eso no importa.

Y yo, por otro lado, también tengo lo mío. Días, como ayer, en los que me tiró hasta las 23:30 de la noche redactando una puñetera reseña biográfica sobre el cabrón de Napoleón Bonaparte (desde el máximo respeto a mi querido Club de profesores de Sociales en mi Instituto). Y cuando termino, como comprenderéis, solo me quedan ganas para hacer dos cosas: dormir o tragarme el culebrón de Física o Química que me tiene enganchado cual drogadicto a... ¿la droga?

Pues eso, la razón por la que pido perdón (sé que Tati también está pidiendo perdón a su manera –ya sea celebrando una fiesta o estudiando Química-) es que el nivel de actualización ha disminuido mucho…

Cebollino: El nivel lleva disminuyendo desde que empezasteis esta mierda

… así como la extensión y demás. Por eso, os vamos a recompensar haciendo lo mismo durante un tiempo hasta que el mal trago de los estudios pase. Oye, no es un mal plan, ¿no?

miércoles 4 de noviembre de 2009

Liniers: ¡Intermitencias!

(Haz click para ver,no ver, ver, no ver, ver, no ver al duendecillo)

lunes 2 de noviembre de 2009

Os prometo que no trafico con droga


A ver, tengo 15 años y espero que no os hayáis pensado que a mi edad ya soy capaz de traficar con cocaína, marijuana, hachís o algo con lo que se pueda traficar. No, tampoco me ha dado por robar bancos. No, tampoco son billetes falsos del nuevo juego del monopoly que viene más moderno y realista que nunca. Y no, tampoco me he encontrado a Ramón García por la calle y le he atracado para que me diese el maldito premio del concurso de las puertas.

Son 3.000€ verdaderos (comprobado por mi hermana que ahora es cajera y tiene que ver que no la timen) y han desaparecido muy pronto de mis manos, ya que era dinero que teníamos que pagar a unos señores muy majos que nos tenían que colocar puertas nuevas en la planta de arriba y un armario muy bonico para el pasillo. No, no eran compradores de droga, joder.

Así que, señores ladrones del país, ya no tengo en mi poder tanta cantidad de dinero. No hace falta que os paséis por mi casa para quitarmelos disimuladamente (sería imposible porque mi perro os ladraría y luego os mataría cruelmente con sus grandes fauces). No, tampoco os estoy incitando a nada enseñandoos esa foto, es que me hacía ilusión ver, en primer lugar, un billete de 500€ y, en segundo lugar, seis billetes de 500€ juntos. Es algo que no se ve todo los días...

Si no eres Maradona y no has vendido unas pequeñas bolsas forradas de plástico con un contenido un poco blanqucino en su interior.

Cebollino: Ala, hostiaza gratis a Maradona.

PD: Quien diga algo de mi pelo, le mato.

domingo 25 de octubre de 2009

Una película de ¿amor?

“Esta es la historia de un chico que se enamora de una chica. Sin embargo, deben saber que no se trata de una historia de amor”

Así comienza la última película que he ido a ver al cine. 500 días juntos, una película que me ha gustado y me ha sorprendido gratamente. Es anunciada como una historia de amor “diferente”, y desde luego lo es, empezando porque la película comienza por el final, o más bien, con el final de la historia de amor. Realmente, no es una película de amor sino una película sobre el amor, desde un tono “independiente”, como puede mostrar su banda sonora que incluye temas de The smiths, The Postal Service o Travis y otros tantos que se escapan a mi conocimiento.

Un chico romántico, arquitecto frustrado que trabaja creando postales, convencido en encontrar a su media naranja, una chica un tanto extraña, que adora The Smiths y no cree en el amor, y la típica frase que “sólo somos amigos”, que en esta película alcanza otra perspectiva.

Ni siquiera la forma de relatar la historia es convencional. La película rebobina y adelanta la vida en común de esta pareja para mostrar las diferentes etapas que la constituyen y en este torbellino de saltos en el tiempo, mezclado con bares de karaoke, pantallas divididas, juegos en Ikea y muchos cambios de humor, se desarrolla un retrato fiel del significado que intentamos darle al amor, y de cómo este no tiene por qué convertirse en realidad.
Una mezcla de humor y tristeza, con ciertas dosis de realidad y alguna que otra escena en la que es fácil sentirse identificado.

Os dejo el trailer, para que vayáis abriendo boca o para que terminéis de aborrecer la película. No sé, lo dejo a vuestra elección.