Había una vez un reino muy lejano, dónde una princesita se enamoró de un príncipe. Ambos fueron felices y comieron perdices.
Esta historia sería demasiado fácil…
Ahora cambiemos el reino muy lejano por Texas, que también queda un rato lejos, a la princesita por un alcalde, que también tiene cierto poder, y al príncipe por un inmigrante sin papeles. La historia cambia.
Esto es exactamente lo que pasó la semana pasada en el continente americano. Un alcalde de una pequeña población de Texas, J.W. Lown, se fugó de Estados Unidos el día que debía prestar juramento pa
ra mantener un cuarto mandato en la ciudad de San Angelo. Lown tenía una carrera prometedora, había sido elegido por cuarta vez con un 89% de los votos y era considerado como un político con un futuro brillante. "Podía llegar lejos en la arena política en el estado de Texas y tal vez a nivel nacional" como afirmaba la concejal Charlotte Farmer. ¿Por qué lo dejó todo entonces y huyó al otro lado de la frontera?L’amour. ¡Oh sí! Ese maldito sentimiento que hace que gastemos nuestros ahorros en ropa interior sexy y recopilatorios de Alex Ubago. Nuestro querido alcaldecillo se enamoró de un inmigrante mexicano que residía en Texas sin papeles… ¿Cuál es el problema?
Los matrimonios homosexuales no cuentan con las mismas ventajas que los heterosexuales. Si el novio de Lown, cuya identidad no ha sido publicada, se casara con una mujer americana, no habría ningún problema en quedarse en EEUU y obtener la doble nacionalidad. Sin embargo, en un matrimonio con Lown, no contarían con el mismo resultado. Esto es culpa de una ley denominada “Ley de defensa del matrimonio” vigente en la mayoría de estados de América, la cual no permite reconocer los matrimonios gays aunque estos sean de estados donde son legales y defiende que los matrimonios sólo deben ser considerados entre un hombre y una mujer.
Steve Ralls, de Igualdad en la Inmigración, cree que la mejor forma de resolver el asunto es incorporando el tema a una reforma integral a las leyes de inmigración. Sin embargo, como siempre, hay borregos (quiero decir… personas) que se oponen a esta reforma por dos motivos: por un lado, aquellos que consideran que se debe tratar con mano dura a los inmigrante
s y por otro, los que se posicionan contra los matrimonios gays.
Algunos incluso han hecho declaraciones, como Kevin Appleby, director de políticas migratorias de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos, quien rebuznó (quiero decir.. afirmó) que se está usando el tema de inmigración para impulsar el matrimonio gay, al que él se opone.
Por este motivo, Lown, tuvo que enfrentarse a un dilema en el que ningún ciudadano de EEUU debería encontrarse, según sus propias palabras, separarse de su amado o irse del país. Siguiendo la estela de millones de películas románticas, decidió fugarse a Mexico. Ambos esperan poder regresar a Estados Unidos, cuando todo se solucione, dentro de unos meses o quizá años.
Este no es un problema aislado, y según información del grupo Igualdad en la Inmigración, un dilema al que se enfrentan unos 36.000 estadounidenses.
Por un lado, cuando leí esta historia no pude evitar imaginarme una carroza de calabaza tirada por ratones y un “y comieron perdices” al final. ¡Exijo que Disney escriba guiones homosexuales! ¡Blancanieves tiene derecho a fugarse con la bruja y el príncipe azul con uno de los enanitos!
Por otro lado… ¿Por qué son necesarias tantas leyes en contra de los matrimonios entre personas del mismo sexo? ¿Tan horrible sería dejar que las personas fueran felices con quienes quisieran? Que alguien me explique cual es el problema, porque yo de verdad no lo entiendo…
Steve Ralls, de Igualdad en la Inmigración, cree que la mejor forma de resolver el asunto es incorporando el tema a una reforma integral a las leyes de inmigración. Sin embargo, como siempre, hay borregos (quiero decir… personas) que se oponen a esta reforma por dos motivos: por un lado, aquellos que consideran que se debe tratar con mano dura a los inmigrante
s y por otro, los que se posicionan contra los matrimonios gays.Algunos incluso han hecho declaraciones, como Kevin Appleby, director de políticas migratorias de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos, quien rebuznó (quiero decir.. afirmó) que se está usando el tema de inmigración para impulsar el matrimonio gay, al que él se opone.
Por este motivo, Lown, tuvo que enfrentarse a un dilema en el que ningún ciudadano de EEUU debería encontrarse, según sus propias palabras, separarse de su amado o irse del país. Siguiendo la estela de millones de películas románticas, decidió fugarse a Mexico. Ambos esperan poder regresar a Estados Unidos, cuando todo se solucione, dentro de unos meses o quizá años.
Este no es un problema aislado, y según información del grupo Igualdad en la Inmigración, un dilema al que se enfrentan unos 36.000 estadounidenses.
Por un lado, cuando leí esta historia no pude evitar imaginarme una carroza de calabaza tirada por ratones y un “y comieron perdices” al final. ¡Exijo que Disney escriba guiones homosexuales! ¡Blancanieves tiene derecho a fugarse con la bruja y el príncipe azul con uno de los enanitos!
Por otro lado… ¿Por qué son necesarias tantas leyes en contra de los matrimonios entre personas del mismo sexo? ¿Tan horrible sería dejar que las personas fueran felices con quienes quisieran? Que alguien me explique cual es el problema, porque yo de verdad no lo entiendo…








3 alabanzas:
L’amour. ¡Oh sí! Ese maldito sentimiento que hace que gastemos nuestros ahorros en ropa interior sexy y recopilatorios de Alex Ubago.
xDDD
...
post. me acorde =0
Si, no?
Los americanos estan zumbados Ö
yo es que lo flipo con los americanos, malditos retrógrados...
De todos modos la historia es muy bonita, me sorprende que un político con una carrera tan prometedora lo deje todo por el hombre al que quiere. Más que nada por el hecho de ser político.
al final, va a ser verdad que existe el amor...
Publicar un comentario en la entrada