Oh, pequeños... Vuelvo a actualizar, y como no voy a estar todos los días poniendo el Fanfic pues os cuento cosicas.
Actualidad de hoy:El mundo sigue tan mal como ayer.
Si es que a mí no se me da bien comentar cosas normales, no es lo mío... Así que volvamos a hablar otro día más de la etapa donde yo me quedé...Nuestra adorable infancia =)
+copia.png)
Hoy quiero hablaros de unas personitas que nos quieren mucho cuando somos pequeños... ¿El pedófilo del vecino? ¡NO! Nuestra familia.
Aunque eso de que nos quieran, creo yo que es más una leyenda urbana, porque la verdad es que se lo curran bastante para humillarnos.
Empecemos hablando de nuestros progenitores, a los que vulgarmente llamamos
papás... Esas personas que nos han creado haciendo el... haciendo... emmm... mandando una carta a la cigüeña de París.
Una de las cosas con la que descubres que ya te has hecho mayor es cuando te das cuenta lo que tus padres tuvieron que hacer (y seguramente siguen haciendo) para tenerte. Pero como es un tema bastante repulsivo, mejor lo dejamos.
Nuestros padres, esas personas que nos bombardean durante toda la niñez con cocos, hombres del saco, ratoncitos Perez... Y no contentos con llenarnos la cabeza con temibles personajes imaginarios, se dedican a humillarnos a cualquier momento. Uno de los mejores momentos para destruir nuestra autoestima personal es cuando hablan con otros padres.
“Mi hij@ está coladita por ***” “Pues a mi hij@ ya le están saliendo pelitos”Comentarios como esos han hecho estragos en nosotros.
Unas de las mayores humilladoras, sin ninguna duda, son las madres. Son capaces de hacer de la situación más inocente, el peor momento de tu vida. Un buen ejemplo es la playa.
Tú estás en la playa, después de llevar unos cuantos meses haciendo ejercicio para sentirte divin@ y fantásti@ en bañador. Te tumbas en la toalla con la postura que llevas ensayando varias semanas y cuando crees que estás preparado para empezar a ligar, empieza la tortura. Todo es muy sutil...
“Parece que pica un poco el sol” “Creo que está empezando a refrescar” y para cuando te das cuenta te encasquetan una gorro de paja, una camiseta de “Neumáticos Martinez” y 20 kilos de crema. Y así no te quiere ni el pedófilo del vecino.
Luego están las
tías, esas malvadas mujeres que se encuentran debajo de varias capas de maquillaje y laca a las que ves 2 ó 3 veces al año, y que te regalan ropa hortera, la cual desearías romper, incendiar y enterrar hasta su total desintegración, pero que como es un regalo hecho con muuuuucha ilusión, tienes que plantar una sonrisa estúpida y vestirte de mamaracho cada vez que las ves.
Sus maridos claro, también tienen lo suyo. Los típicos que beben un poco más de lo debido en las fiestas, y acaban cantando jotas, sevillanas y hasta ópera si se ponen, intercalando entre trago y trago de vino, preguntas como "
¿Y ya tienes novio?" A lo que tu madre, rápida cual ave rapaz responde
“Mi hija está coladita por uno de su clase ¿no ves que ya es muy mayor? Ya le están saliendo pelitos...”Aunque nuestras madres parecen las personas más malvadas del universo conocido, hay otros seres que las superan con creces... seres que llevan muchos más años de experiencia y perfeccionamiento de las técnicas de mortificación... ¡La madre que las parió! Osea,
la yaya.
Esa mujer de edad impronunciable que es capaz de acercarse a tus amigas y decir cosas como
“¿Tú vas bien al baño?” No recuerdan dónde han puesto las gafas, pero pueden recitar con pelos y señales la historia de cuando su querido nieto se disfrazaba de Mónica Naranjo ante las visitas, y no dudará en contarla delante de sus amigos, novias e incluso profesores.
Sin duda también hay más tipos de humilladores profesionales, como los
primos pequeños y sus preguntas embarazosas, o las
suegras y sus miradas asesinas.
( Las cuñadas no, que son dulces cual algodón de azuuucar (LLLL) ) La cuestión es que sean como sean, son nuestra familia, y hay que aguantarles, ya no porque sean sangre de nuestra sangre, sino porque ¡son ellos los que nos dan la paga!