jueves, 15 de julio de 2010

Mi vida se puede ver en HD


Llega un momento, en la vida de toda persona, en el que tienes que enfrentarte a la realidad como un verdadero espartano y, con un grito salvaje y potentemente aterrador, soltar y anunciar a todo el mundo que te cruces por la calle que no ves y que sus caras a lo lejos son complicados borrones difíciles de enfocar y reconocer. Por lo tanto, te guste o no, te toca sufrir las triquiñuelas de un oculista que te gradúa la vista y te dice si estás ciego o solo es culpa de la gente, que sale emborronada de casa y que se olvidan de dar al botón de nitidez cuando salen por la puerta. En mi caso, y después de pisar la óptica por segunda vez en mi vida, me ha tocado darme cuenta de que estoy ciego, no veo de lejos, soy miope... Y así para los restos.

Sí, queridos lectores, a un servidor le ha tocado introducir un par de gafas en su vida. Este mundo cruel me ha dado una miopía que lleva aumentándome desde 2008 y una agudeza visual un tanto penosa. Yo no quería, pero no me quedaba más remedio si quería reconocer a las personas cuando venían andando, o leer con total nitidez la pizarra, o ver las películas con subtítulos en la televisión sin estar con el morro pegado a ella... Es un inconveniente que comenzó ayer y con el que me estoy adaptando todavía. Llevar una estructura como esta en mis ojos todavía es un tanto molesto. Son como dos protuberancias incómodas que tienes que estar colocando en cada momento porque se han movido de su sitio correcto.

Y ya no hablo de limpiarlas. No sé si es fruto de mi manía pulcra, pero cada vez que las cojo por banda, los cristales están llenos de mierda y tengo que sacar la gamuza para limpiarlas. Como este sea el destino que me espera, va a llegar un momento que me harte e implante a los cristales dos parabrisas para que se limpien solos sin que tenga que estar yo detrás con el puñetero trapito. Pero de momento no tengo más remedio, el estuche donde las guardo es como mi segundo yo y ahora lo llevo todo el rato encima, a la espera de sacar el harapo en cualquier momento. Espero que llegue el día en el que se me olvide, incluso, como narices se abría el estuchito.

A parte de acostumbrarme a llevarlas encima, también estoy en proceso de acostumbrarme a ver con ellas. No es fácil para un novato como yo el estar con ellas mucho tiempo seguido. Se me cansan los ojos y me empiezan a doler. Pero bueno, aparte de ser una reacción normal en la vida de cualquier cuatro ojos, no todo va a ser quejarme, ¿no? Ahora puedo presumir de ver en Alta Definición todo lo que me rodea, como los televisores Full HD. Veo con pureza los carteles de las tiendas, las indicaciones cuando voy en el coche montado, las matriculas de los coches por si tengo que denunciar a alguno que me ha atropellado cuando me distraía viendo con perfección un perro que venía paseando.

Estéticamente tampoco puedo quejarme, aunque... que voy a decir yo con todo lo que yo me quiero a mi mismo. Son estructuras bastante elegantes, bonitas, blancas y negras. No son gafa pastas como las que llevan los modernos a los que el Facebook les dedica tantas páginas. Son sencillas, cómodas (de momento no) y me hacen parecer mucho más guapo e inteligente de lo que ya por sí era. Nadie se ha reído aún de mi (¿verdad que no?) por lo que no me pueden quedar muy mal. Y espero que no, porque estas estarán aquí para siempre... Hasta que mi madre haya dado por amortizados los 140€ que han costado o hasta que las lentillas les dé por aparecer e introducirse en mis ojos también para siempre.

domingo, 11 de julio de 2010

Microentradas: España campeona del Mundial


Les ha costado un riñón y parte del otro, seguramente, pero la Selección Española de Fútbol ha conseguido alzarse con la victoria y con la copa del Mundial de Fútbol 2010 de Sudáfrica. Algo que muchos españoles llevan esperando unos 96 años y que jamás se ha conseguido por unas cosas o por otras. Hoy se ha hecho historia y eso es algo que, aunque no me guste el fútbol, tengo que reconocer porque se lo merecen. Se lo han currado y llevan peleando muy duro desde que ganaron la Eurocopa.

Además, hoy les ha costado más que nunca porque hay que decir que la selección holandesa, La Naranja Mecánica (The clockwork orange), ha sido mu' cerda. Solo les faltaba el barro debajo para regocijarse de las patadas y entradas duras que hacían a los jugadores. Lo sé porque me he tragado el partido enterito, así que tengo información de la buena por lo que no he tenido que recurrir a mis amigos. ¡FELICIDADES A LOS JUGADORES! ¡SOIS MUY GRANDES! Desde Iniesta, hasta Torres que no ha hecho mucho, salvo lesionarse (pobre). Y una mención especial a Iker Casillas que se ha puesto a llorar como un niño y le ha comido la boca a su novia en directo.

Por cierto, no puedo terminar esta entrada sin quejarme, porque sino... no soy yo, ya lo sabéis. Ha habido un comentario que ha hecho un comentarista de Telecinco que no me ha gustado nada y que pienso que tengo que reproducir y criticar. Cuando un jugador holandés, De Jong, le ha pegado una patada en el pecho a Xabi Alonso, el comentarista en cuestión (no lo identifico por la voz) ha dicho textualmente que el jugador tenía "tendencias karatekas asesinas". Me he pillado un rebote considerado porque no venía a cuenta nombrar el karate en todo esto. Lo primero porque no es su deporte y porque no tiene ni idea de él, y lo segundo porque eso no era ninguna patada propia de karate. Que hable de su deporte y deje al resto en paz, que para eso le pagan.

sábado, 10 de julio de 2010

Reflexiones de un posible solitario


Imagina estar solo en el mundo, sin nadie más a tu lado. Caminar sin rumbo por las calles vacías de cualquier ciudad o pueblo y no lograr avisar ni un solo cuerpo humano. Nada de movimiento, ni de actividad. Hasta el aire te parecería que no se mueve y que se mantiene inmóvil, en suspensión. Tú andas por inercia, sin prisa, sin calcular tus pasos, sin preocuparte si vas por en medio de la carretera o si algún semáforo está en rojo. Puede que te haya tocado ser el buenazo y que te preocupes demasiado por atracar las tiendas y sacar todo lo que puedas de ellas sin tener que pasar por caja y soltar unos cuantos billetes de esos que no te has atrevido a coger en el banco.

Imagina por un momento que esto es para siempre, que te levantas un día y te tocar vivir en la más sincera soledad absoluta durante el resto de tu vida, deambulando perdido por tu casa... ¿De verdad seguirías pensando en dejar todo como estaba? Tendrías todo el tiempo del mundo (sí, de todos y cada uno de los que ya no están) y podrías pasearte tranquilo por cualquier tienda, por cualquier casa, por cualquier bar y seguir haciendo tu vida, pero solo... Es posible que lo primero que se te pasaría por la cabeza sería matarte porque no tiene sentido vivir sólo, sin tus seres queridos, sin aquellas personas que te importan de verdad y que han estado siempre a tu lado y con los que has creado una dependencia, pero... ¿de verdad merecería la pena dejarlo todo y perder la oportunidad de ser la única persona en el mundo? Sería lo más duro contra lo que te enfrentarías en la vida, pero te demostrarías a ti mismo que ha valido la pena cuando consiguieses superarlo.

El entretenimiento podría escasear si no supieses divertirte solo, pero tendrías miles cosas para hacer: podrías aprender a conducir en coche tú solo con todos los coches que quisieses y sin importar los golpes o los destrozos que hicieses, cocinarte los platos de comida que más te gustasen, vestirte con lo primero que encontrases y probar combinaciones todos los días, matar zombies... Sí, puede ser un cambio brusco en la entrada, un arrebato de bipolaridad, pero es que si me quedo solo en el mundo, me imagino que ha sido por una catástrofe biológica de la que yo soy inmune, por lo que las otras personas que van por allí son infectados con los que también tendré buen entretenimiento: matarles de diferentes formas, disparar a diestro y siniestro, quemar, acuchillar...

Quizás estas reflexiones no me las tenga que hacer nunca porque algo así sería improbable que pasase (aunque en las películas ocurra cada vez más) y en el hipotético caso que ocurriese, también sería muy improbable que yo fuese inmune porque enseguida pillo cualquier enfermedad tonta. Quizás estas reflexiones sean fruto de haber visto una película como "The Crazies" en la que el futuro de la humanidad se queda en el aire y sin un rumbo fijo...

Imaginad... Mejor no imaginéis nada, puede que os haya hecho pensar algo demasiado cruel y que ahora no paréis de darle vueltas en la cabeza durante mucho tiempo. Son solo teorías que a lo mejor nos sirven en un futuro en el que la realidad haya superado con creces a la puñetera ficción del pueblo de locos que ha dirigido Breck Eisner como remake de una película de 1973. Que queréis que os diga, me he asustado y por un momento me he visto solo e indefenso cual cervatillo herido.

Cebollino: Herido te voy a dejar yo por esta degeneración de entrada. ¿Qué clase de teoría filosófica o reflexión madura pretendías enseñar si después has pasado a decir que la olviden por completo y a decir chorradas de las tuyas? Si ver "The Crazies" te ha dejado así, no quiero ver lo que ocurrirá cuando veas películas algo más profundas.

viernes, 9 de julio de 2010

Cebollinos por el mundo: El pulpo Paul


¡Ponedme música celestial, abridme una botella del champagne más caro de la ciudad y llamad a la orquesta del pueblo porque hemos ganado el mundial! Y quien quiera, que queme contenedores, que pare el tráfico de las carreteras o que tararee el himno español, ¡da igual! ¡Esto es histórico, amigos! ¡HEMOS GANADO EL MUNDIAL DE FÚTBOL! O por lo menos eso es lo que dice un cefalópodo alemán de corta edad que tiene a medio mundo pendiente de los mejillones que se come y se deja de comer. Quien se haya puesto a leer la entrada a partir de este momento, aclarar que no estoy hablando de la vida sexual activa de un pulpo.

Llevamos bastante tiempo pendientes del mundial de fútbol en Sudáfrica y de cómo evolucionaba éste a favor de España. Primero fue la obsesión compulsiva con las puñeteras vuvuzelas y su devastador y ensordecedor sonido envolvente, luego el vicio fue hacia Sara Carbonero, la periodista de Telecinco que antes era de la Sexta -mamones-, por hacer que España perdiese el primer partido contra Suiza (no sabía que ella jugase en la Selección de Fútbol), y ahora la atención la ha acaparado un animalejo marino que tiene en vilo a los hinchas futbolísticos.

He mandado a Cebollino por varios países para que viese el ambiente que estaba generando Paul, el pulpo alemán que solo tiene dos años de edad y que, de momento, ningún gallego hambriento se comerá aliñado con pimentón y aceite. Cebollino ha estado en Argentina, de donde podemos sacar las primeras impresiones: Paul tiene que morir.
Y es que la guerra entre Argentina y... un pulpo, ya viene de lejos. Fue la llegada a este país donde el tema de que un animal eligiese el vencedor se nos fue de las manos a todos:

Cuando nuestro querido pulpito pronosticó que Alemania ganaría a Argentina, estos no se lo tomaron del todo bien, decidieron hacer la competencia a Paul sacando sus mejores armas de destrucción masiva. ¿La tripa de Maradona? ¡NO! Argentina sacó a su fantástico Perro Clarito, a su modesta Tortuga Jorge, al gato Tanti, a un pingüino, a un conejo, a un hamster, a un loro y a medio zoo de Buenos Aires.

Y parece ser que se quedaron muy contentos, porque todos los animales predijeron que Argentina iba a ganar a los bigardos alemanes. Pero el poder de Paul es asombroso. Debe ser superdotado comparado con los de su especie o algo así, porque aún teniendo a cientos de detractores de sus teorías y ser el único que apoyaba a Alemania... ¡Paul acertó! Y Argentina se cabreó mucho. Tanto que crearon en Facebook el grupo 'Hagamos una paella de pulpo Paul' y demás grupos que exacerbaban el odio al animal.

Y visto que Paul no fallaba ni una, la gente se ha vuelto más loca que nunca. Ha llegado un momento en el que se nos ha ido de las manos todo este tinglaó. Por ejemplo, hoy Cuatro ha emitido en directo desde el Sea Life para ver el pronóstico que hacía Paul sobre la final del Mundial. Que en un principio, el asunto puede ser hasta gracioso, pero se ha llegado a un punto en el que la profesionalidad periodística es nula y confían el resultado a un animal, en vez de contratar profesionales y expertos en la materia para que opinen y den una valoración general de quién tiene más posibilidades de ganar la final.

Pero da igual, si el pulpo dice que gana España, España ganará el partido aunque Vicente del Bosque saque a 11 hombres cojos al campo y el portero, además, sea ciego. ¡Lo que diga Paul va a misa! (por un momento me ha entrado la vena del Intermedio). Pero bueno, creo que al fin y al cabo me lo tomaré con humor. Si gana España o no es cosa de los jugadores, que al fin y al cabo estarán motivados por hacer historia y no porque un pulpo haya elegido comerse el mejillón correcto.

miércoles, 7 de julio de 2010

Voy a sucumbir a la sociedad


Quizás mi estado actual es extraño. Me siento como un leoncito fuera de su selva africana y al que han metido en un zoo. No tendría que hacerlo y puede que me arrepienta, pero mi oráculo me ha obligado a comentar lo que ahora toda España, desde el primer hasta el último pueblo, estará celebrando como si la vida les fuera en ello. Ni crisis, ni paro, ni su madre en bolas escuchando el último single de Falete, la gente está con los cohetes, gastando gasolina y gritando a pleno pulmón que la Selección Española de Fútbol se ha clasificado por primera vez en la historia para el Mundial de Fútbol.

Y aunque deteste el fútbol y lo haya detestado porque una profesora me suspendiese el examen de toques, tengo que alabar la profesionalidad y el buen juego de todos los jugadores, esa buena técnica, esos rechaces... Vale, a quien voy a engañar, me da igual que haya ganado España y que haya conseguido algo histórico. He intentado guardármelo, pero es que veo que me quedo sin cosas que contar en esta entrada, por lo que tengo que criticar. Mi naturaleza me lo pide como a los alcohólicos un vasito de vodka de vez en cuando.

No, pero yo también he vivido el partido, no me enteraba de lo que pasaba o de lo que me comentaban algunos respecto al juego de Alemania y a las tácticas españolas, pero yo he gritado cuando veía algo que me parecía muy indignante y me he escondido cuando Puyol ha marcado el gol. De repente, me he visto en la esquina escondido, viendo a esas malas bestias de mis amigos gritar y saltar. He visto sus gestos y sus movimientos a cámara lenta. Mi cara iba cobrando un tono terrorífico.

Y más terrorífico ha sido ver cómo, cuando terminaba el partido, se tiraban todos a la piscina para celebrar la victoria y yo me quedaba con cara de incomprensión sin saber lo que hacer. Al final, y viendo la discoteca que se había formado dentro con esa luz debajo del agua, me he metido también para hacer un poco el cabra. Total, gritemos o no el país va a ir de maravilla hasta que termine el mundial.

lunes, 5 de julio de 2010

Desfile del Orgullo Gay


Aún me duelen los pies de saltar, andar y brincar y es que el sábado, con motivo del Orgullo Gay y del desfile de la cabalgata, se congregaron en Madrid miles y miles de personas que se echaron a la calle para celebrar una de las fiestas que se ha convertido en una de las fiestas más famosas en España. No faltaron ni el espectáculo, ni la Gran Vía sin coches, ni aquellos personajes de turno que llamaron la atención... ni el calor. Hacía un bochorno muy grave, la gente estaba achicharraíta en la calle esperando a que pasasen las carrozas. Se podían freír huevos en la calzada...

Tengo que decir que es el primer año que voy y me esperaba algo peor. Me esperaba demasiado desmadre y demasiado loco con callejones oscuros disponibles para hacer lo que quisiese a su libre albedrío. Pero la situación estuvo controlada en todo momento. Está claro que había de todo, como en las mejores familias: borrachos, seguratas con mala leche, disfraces inentendibles, personas que no se podían identificar en ninguno de los dos géneros, tetas de silicona muy bien puestas... También estaba el típico botellón ambulante que no hacía daño a nadie y que se preparaba en medio del barullo. Tenías que ser muy hábil para sortearlo si no te querías clavar una litrona en el pie. También estaban las típicas borrachas, que no sabría decir si son típicas porque una de ellas se puso a berrear porque había perdido un pendiente y segundos después estaba riéndose. Cosas de la bipolaridad...

Y así con cada persona que te encontrabas. Tenías vendedores ambulantes, gente desesperada por saber cómo iba el partido de España contra Paraguay... Y viejos nudistas. Sí, el espectáculo de entretenimiento mientras esperábamos a que llegasen las carrozas nos lo dio un viejo carroza que a sus chiquiticientos años todavía guardaba un gran espíritu adolescente. Y es que en el interludio de la caminata de camiones llenos de gente, nuestro querido jovenzuelo se salió al balcón de un piso de la Gran Vía y nos enseñó todas sus vergüenzas junto a una muchacha que también nos enseñó la gran personalidad que guarda en su interior.

Era nuestro payaso personal y cada vez que salía llevaba menos ropa hasta el punto de no llevar nada. Está claro que había niños presenciando el momento, por lo que tapó sus intimidades con una bandera del orgullo. De nada sirvió porque su miembro le seguía botando como si fuese un muelle. Pero no fue lo único llamativo de la tarde, también tengo que destacar la gran labor humanitaria que hizo el McDonald's por todos nosotros. Nos acogió cual crías indefensas en su techo a la sombra y nos dio de comer sus adictivas hamburguesas de 1,80€ que me caben en la palma de la mano. Menudo gusto comerte una tras otra... Me comí dos y porque decidí parar, pero no me hubiese importado gastarme más dinero en la comida basura. Además, luego se dedicaron a tirar abanicos y silbatos para la gente de la calle, un gesto muy bonito.

Igual que el gesto que tuvieron los vecinos de la calle. En manada se pusieron en los balcones de sus respectivas viviendas y se dedicaron a echarnos agua por petición popular. La gente reunida en grupos en medio de la acera reclamando a gritos que les tirasen cubos de agua fría. Lo mínimo que podían hacer los habitantes de los pisos era refrescarnos, así que lo hicieron. Quizás en el camino, el agua se llevó por delante a gente que no lo deseaba y que solo pasaba tranquilamente por la acera para ir a algún sitio lejos de la muchedumbre, pero bueno... hacía calor y tampoco importaba.

Y entre gente disfrazada, transexuales, travestis, asociaciones de gays sordos, cabalgatas y chulazos en calzones... el desfile terminó con una victoria española y con la gente más feliz que un niño en la sección de videojuegos de El Corte Inglés. Y al día siguiente terminó la semana del Orgullo Gay. La pena que tengo es cómo se quedaron las calles después de todo. Estarían llenas de mierda. Desde La Puerta de Alcalá hasta Plaza de España... pobres barrenderos, ¡qué cruz tienen con las fiestas!

viernes, 2 de julio de 2010

Eclipse


No, creo que todavía sigo siendo de letras y no me he aficionado a las ciencias y a estos fenómenos galácticos, lo que pasa es que no os voy a hablar de los eclipses lunares porque pienso que os aburriría demasiado explicándoos mis grandes y profesionales conocimientos sobre ellos. A estas alturas de la entrada, ya habréis visto la imagen y sabréis de lo que voy a hablar, pero es que "me enrollo más que las persianas" es mi segundo apellido.

Sí, señores, he sido arrastrado a ver la tercera entrega de la saga Crepúsculo. Esa maravillosa y entretenida historia de vampiritos, hombres lobo y castores (Kristen Stewart sigue rayando tarimas con sus paletos grandes y afilados). Bueno, creo que el director y los guionistas no se merecen que les critique tanto el largometraje, porque me ha entretenido y me ha hecho reír bastante.

Y quizás el propósito de ellos era que dejase el asiento de la señora de delante lleno de babas por todos esos torsos desnudos (ya ni se molestan en poner a Taylor Lautner una camiseta) y que llorase a mares por ver como Bella le pone los cuernacos a Edward en su puñetera cara... pero me parece que conmigo han fallado. Con las chiquicientas mil chiquillas que estaban allí puede que si hayan conseguido lo que se proponían. Y es que las fans son muy fans. Son excesivamente lerdas, pero fans al fin y al cabo. Unas fanáticas que suspiran y gritan como perras en celo con la primera aparición de Jacob en la película. Unas fanáticas que aplauden al final del film como si hubiera sido la obra maestra del cine que romperá los moldes del séptimo arte.

Grandes depredadoras de musculitos bien depilados que no saben ni dónde están sus butacas. Ya veíais venir mi odio hacia ellas, ¿verdad? Os cuento. Me hicieron despistarme de los trailers del principio (aquellos que disfruto viendo) y de los primeros segundos de película porque no tenían la suficiente inteligencia para mirar sus entradas y ver que nosotros sí estábamos bien sentados cuando ellas se empeñaban en que esas eran sus butacas y nosotros nos habíamos equivocado. Hicieron llamar hasta la chica que hacía de acomodador, la pobre tenía bastante con la marabunta de gente que se había acumulado en la sala del cine.

Pero en la película no salían estas niñas, así que me limitaré a contar cómo se desarrolló ésta. Por el lado positivo destacaría el logro de las escenas de batalla y acción que te entretienen bastante y saben desarrollarlas muy bien. Para eso han contado con un gran presupuesto y, por lo tanto, con buenos efectos especiales. Es divertido ver como los vampiros parecen vasijas de cerámica. Suenan a jarrón roto cuando les matan. Los actores no lo hacen del todo mal y eso me ha hecho reflexionar sobre un pequeño detalle.

Pienso que los personajes secundarios tienen un poco más de carisma que los principales. Sus diálogos son más dinámicos y entretenidos, mientras que los principales hacen de la escena un auténtico muermo, aunque lo que digan sea gracioso y tú te rías. Por ejemplo, Alice, que sale en pocas escenas, consigue darte muy buenas vibraciones y consigue que se te dibuje una sonrisa en la boca. Así como Charlie, el padre de Bella. Es diversión contra sosez (de soso). No sé si porque lo requiere el guión o porque los actores son así. Los secundarios les dan una paliza a interpretación, son muy positivos. La pena es que a lo mejor en el libro no se les desarrolla tanto.

Por otro lado... El guión, según he podido oír de los amigos lectores de la novela, es bastante pobre y a veces no se corresponde con el libro original por propia conveniencia económica del director. Se salta partes, cambia cosas para que las niñas se meen de gusto en las bragas... Pero es muy profunda, ¿eh? Mucho. Con un gran significado sobre la vida... y sobre tener sexo después del matrimonio. Es que el vampirito de moda nos ha salido rústico y no quiere penetrar a su amada hasta que no se casen. O hacerla daño de la potencia que puede adquirir su miembro pálido. Luego tenemos otro significado oculto, también relacionado con el sexo. Son frases con doble sentido que os reproduzco y que han hecho reír a medio cine. Destacar que los actores lo han dicho totalmente serios y con mucha tranquilidad. A lo mejor el problema es nuestro que tenemos la mente sucia.

Bella: Tienes que aprender a tragar con ello.
Jacob: No voy a tragarme nada.
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Jacob: Es posible que los dedos los vaya a utilizar para algo (refiriéndose a los dedos congelados de Bella que no quiere que se le rompan del frío).

Creo que tengo que comentar poco más. Hoy no me puedo quejar como de costumbre del precio porque me salió un poco más barato por un descuento que tenía. Pero sí, el precio de los cines se está convirtiendo en abusivo e incitante a que descarguemos como piratas las películas de la red. Lo peor es que esto solo pasa en Madrid, en otras comunidades el precio es hasta agradable. Por otra parte, estaréis contentos de que no os haya destripado el final. Pienso que podéis disfrutar con la novela original y que no merece la pena que os cuente lo que sucede en las otras dos películas que quedan solo porque estas hayan sido una auténtica basura. Leed, leed mucho y olvidaos de las reproducciones cinematográficas. Y más si se relacionan con adolescentes rabiosas y sobre hormonadas.